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Testimonio: Carlos Eduardo

Migración colombiana: persecución y violencia



Carlos enciende su cámara a través de Google Meet mientras saluda con una sonrisa. Ha aceptado la invitación para hablar de su experiencia migratoria con el equipo de Subversivo. Su nombre es Carlos Eduardo, originario de Granada, Colombia y actualmente es inmigrante en los Estados Unidos: antes de llegar a aquí, yo me desempeñaba como líder social en Colombia. Ese era mi cargo en donde yo vivía. El líder social es el intermediario entre la comunidad y el gobierno. Nosotros nos encargábamos de gestionar ayudas para las personas, realizar trámites en los pueblos pequeños para mejorar su condición de vida, trayendo mejorías en los servicios públicos, por ejemplo.


De acuerdo con Carlos la decisión de migrar hacia los Estados Unidos tuvo un origen político. Durante el 2022, tanto su esposa como él fueron hostigados y violentados físicamente por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), un grupo de extrema izquierda que mantiene un diálogo con el gobierno actual pero no se ha hecho lo suficiente para limitar sus actos detractores.


Debido a mi labor empecé a recibir distintas amenazas hasta el punto de ser agredido con armas. Recibí muchas golpizas por parte de esta gente. Al ver que no atendía sus órdenes comenzaron a violentar también a mi esposa, ambos fuimos víctimas de esto por parte de ellos en distintas ocasiones.


Un artículo de El País publicado a inicios del 2023 confirma la historia de Carlos: “Colombia registra el asesinato de 215 líderes sociales durante el 2023”, es el titular de la nota. Nosotros intentamos pedir ayuda, acudimos en muchas ocasiones con la fuerza pública, buscamos la asistencia del gobierno, pero nunca nos prestaron mucha atención. Al temer por nuestra seguridad y la de nuestros familiares optamos por irnos de Colombia; trasladarnos a otras ciudades en Colombia no era una opción porque nos tenían identificados.


Ante esta situación, en agosto de 2022, Carlos y su esposa partieron hacia los Estados Unidos teniendo que atravesar por México previamente. Lastimosamente nos tocó venir de una manera muy forzada, todo el viaje fue una odisea, digámoslo de esa manera, menciona. Respecto a su viaje por México Carlos lo califica como una experiencia difícil y cansada, en donde fue complicado llegar a la frontera. Durante su camino fueron víctimas de discriminación, hostigamiento y posteriormente detenidos por inmigración. Antes de su llegada a Tijuana (ciudad mexicana fronteriza con Estados Unidos), Carlos rememora el accidente vehicular que sufrió junto con su esposa mientras viajaban en un auto rumbo a su destino final:


Después del impacto nos miramos los unos con los otros, el estruendo del choque había sido muy fuerte pero afortunadamente estábamos ilesos. El conductor del automóvil no corrió con la misma suerte, estaba atrapado en el asiento. Con lágrimas en los ojos y asustados por el golpe no podíamos reaccionar, estábamos paralizados, como si hubieran detenido el tiempo. De repente una voz irrumpió nuestro trance: “¡que se vayan, corran! Ya viene migración mexicana y los van a encerrar”, decía el chofer mientras intentaba escapar, pero la mitad de su cuerpo estaba atorado en el auto. En ese momento cogí a mi esposa de la mano y cuando pensé que esto sería lo peor aún faltaba por pasar situaciones muy duras.

En Tijuana Carlos y su pareja fueron detenidos por inmigración mexicana y trasladados a un centro de detención temporal. Carlos comenta que en ese lapso perdieron algunas pertenencias incluidos $500 dólares que tenían para continuar su viaje y costear alimentos o transporte. Fuimos agredidos por la fuerza pública, nos quitaron pertenencias y tenían un mal trato hacia nosotros. Fue algo lamentable, menciona.


Al salir de detención migratoria en Tijuana, Carlos y su esposa tuvieron que pagar a una persona para “cruzarlos” por el río y llegar a Estados Unidos. Menciona que desconocía como es este espacio, el cual es mucho más complejo de lo que pareciera, pues el agua va a contracorriente y es muy profundo, provocando que no sea nada fácil nadar al otro lado: mi esposa lloraba de la desesperación porque estábamos ya en el agua y ella no sabe nadar. Logré tomarla de la mano, la subí a mi hombro, y junto con una maleta que llevábamos a penas podía nadar, pensé que no lo lograría, pero afortunadamente y con esfuerzo estamos ahora a salvo.


A su llegada a Estados Unidos Carlos y su esposa fueron separados y llevados a distintos centros de detención, ella a Texas y él a Luisiana. Esto también fue algo bastante duro. Nunca imaginé que pasaría por algo así en mi vida, porque básicamente estás como un preso. Yo me preguntaba qué estaba sucediendo, nadie me daba una explicación. Hablaba con algunos guardias y les decía que estaba limpio, que no había cometido ningún delito, que venía amenazado de mi país en busca de ayuda, pero a nadie parecía importarle, menciona Carlos.


Fue hasta ochos días después cuando Carlos pudo comunicarse con su esposa y se enteró de que se encontraba en Texas detenida también. La comunicación durante ese tiempo fue escasa debido a que no les daban mucho tiempo para hacer llamadas. Pasado un mes, inmigración le hizo la entrevista de miedo creíble a la esposa de Carlos la cual fue aprobada. Sin embargo, para ese momento Carlos ya tenía la orden de deportación y fue enviado hacia Colombia.


A mí me sacaron en la madrugada de mi celda, me montaron en un avión esposado, no tenía idea de que era lo que pasaba, no sabía hacia donde me llevaban. Creí muchas veces que me iban a soltar. Cuando me di cuenta de que estaba siendo deportado intenté hablar con los guardias, pero nadie escuchaba.


A su regreso a Colombia, Carlos permaneció escondido con amigo durante veinte días, pues temía regresar a su ciudad y ser violentado. Debido a que su esposa ya se encontraba en libertad en los Estados Unidos, decidió emprender el viaje nuevamente tras reunir un poco de dinero con la ayuda de sus familiares. A su llegada se entregó a detención inmigratoria en donde permaneció tres meses, esta vez en San Diego, California.


Fue otra situación muy dura y desesperante porque yo veía que mis compañeros del centro salían al mes, o incluso antes. A todos les hacían su entrevista de miedo creíble la cual salía positivo y se iban. Incluso supe de personas que ya tenían una orden de deportación, pero al final los soltaban. Yo ya tenía casi tres meses y no veía ninguna esperanza.

Tras la espera de dos meses en detención le fue concedida la entrevista de miedo creíble a Carlos, la cual también salió positiva. Sin embargo, pasó un mes y nunca recibió una respuesta final para su liberación. En ese momento su situación fue más preocupante, pues temía lo peor: ser deportado y esta vez con sanción por inmigración para no volver a ingresar a los Estados Unidos. Durante esos días un oficial le dijo que lo mas probable era que pasara su proceso en detención (aproximadamente seis meses) para ser deportado nuevamente. Al final, pudo entablar diálogo con un agente quien le mencionó que contaba con una fianza de $5000 dólares, pero sin dinero para pagar esto era como tener una puerta, pero sin la llave para abrirla.


En ese momento varios conocidos me hablaron de esta entidad llamada Subversivo. “Llame”, me decían, ellos seguro le pueden ayudar, ya lo han hecho antes con otras personas. Al final mi esposa se comunicó con ustedes y algo que yo lo veía tan lejano lo solucionaron en cuestión de días.
Al cabo de unos días recibí la noticia de que ya había sido cancelada mi fianza y que saldría al día siguiente. Fue la mejor noticia que recibí porque volvería a reunirme con mi esposa, y esto significaba también un descanso para toda mi familia porque mi mamá se había enfermado debido a la preocupación por toda la situación que estaba yo viviendo.

Por último, Carlos comenta que antes de contactar a Subversivo habían intentado buscar apoyo a través de otros servicios de este tipo, pero ninguno daba razón para su necesidad. La mayoría les mencionaban que era un proceso muy tardado y que necesitaban un monto de pago grande para apoyar y resolver su situación. Básicamente puedes estar seis meses encerrado y al final se deportado sin más, pero afortunadamente su servicio pudo apoyarme y estoy muy agradecido.


Actualmente Carlos y su esposa se encuentran en Utah en espera de su audiencia para determinar su estatus migratorio con el objetivo de poder radicar en los Estados Unidos de forma legal para así trabajar y construir su nueva vida, lejos de las intimidaciones y agresiones que sufrieron en Colombia.


El equipo de Subversivo agradece la atención prestada por Carlos para dialogar con él y desarrollar este breve testimonio. Subversivo se sitúa de lado de los migrantes indocumentados para apoyarlos en su necesidad. Creemos que siempre existe una fuerza para subvertir las condiciones del sistema y así situarnos del lado de la esperanza.

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